message incoming…

Sin título

Hace algunos años me invitaron a impartir una clase sobre uso de tecnología en la docencia a profesores de primaria y durante el primer debate, donde discutíamos el concepto de habilidad, una profesora decía que los niños de ahora veían con el chip integrado para usar la tecnología. 

Además de justificarse así misma, la frase denota una visión generacional sobre el uso de la tecnología en la cotidianidad, así como su proceso de adopción. Sin embargo, es claro que no es condición necesaria tener una cierta edad o un determino perfil académico, y si: existen muchos factores que motivan su uso, algunos externos como hacer mas eficiente un trabajo, favorecer una comunicación instantánea, reducir costos, etcétera. Y también intrínsecos, como motivaciones personales, un genuino interés de explorar, la necesidad de actualizarse, y muchas otras más.

Pero hablemos de los factores intrínsecos que lo impiden. Y uno de ellos es el miedo. Si, el miedo que producen todos esos artefactos que trastornan la vida diaria: tecnofobia

Aunque esto no es una categoría absoluta, la condición: miedo, se puede cuantificar a partir de las expresiones o manifestaciones personales; desde dudas o resquemores hasta alteraciones fisiológicas que pueden desencadenar estados de shock. Al ser tan amplía esta definición se tiene la ventaja de ser incluyente y considerar casi cualquier experiencia negativa con el uso de la tecnología. Así que es probable que en algún momento cualquiera de nosotros haya caído en esta condición. Lo interesante será averiguar cómo se afronta este tipo de afecciones y cómo afecta el desempeño académico.